Todas las historias del mundo comienzan casi siempre de la misma forma; en el principio, Dios creó al mundo. Ese dios siempre cambia de acuerdo a la época y el sitio geográfico de su interés. Para los antiguos egipcios, el mundo había iniciado con la palabra de Ra, dios solar de mil formas. De sus descendientes, destacan Osiris, Isis y Set. La rivalidad que Osiris y Set desarrollan culmina en la muerte del primero, con lo que Set, dios del desierto y la destrucción, pasa a ser una de las figuras antagónicas más importantes que hay en diversas mitologías; es un dios complejo y multifacético: asesina a su hermano para quedarse con el trono, pero defiende al mundo desde la barca del sol para evitar que el monstruo Apofis lo devore. Dios de la destrucción y la violencia, proclive a ambas, pero que enfrenta al caos. Dios con cabeza de animal desconocido. Dios al que la última película de La Momia, primera entrega del Dark Universe de Universal ha decidido nombrar dios de la muerte, hecho que me cabrea profundamente.

Set y Apofis

Set peleando contra Apofis desde la barca solar.

Verán, el cine lleva años pasándose la mitología, mi obsesión y pasión personal, por el culo y es de la mitología, las historias de la Historia, han salido de una forma y otra todas las historias que hemos contado. Entonces empecemos por los inicios.

En el principio, Universal creó a los monstruos.

Bueno, no exactamente. Uno de los magníficos elementos, irónicamente universales, es la presencia de dioses y monstruos por igual en el folclore y la mitología mundial. La aparición de los monstruos cinematográficos es más compleja. Fuera de la pantalla grande, es muy difícil decir cuál fue el primero y donde se originó; dentro de la misma, Lon Chaney en El Fantasma de la Ópera en 1923 inició la tradición de seres incomprendidos, que abarcaría a Boris Karloff y a Bela Lugosi como Frankenstein y Dracula respectivamente, a las que siguieron el Hombre Lobo, el Hombre Invisible, el Monstruo de la Laguna Negra. Con eso, los monstruos que habían poblado las historias de terror que se transmitían de viva voz y aquellos que se habían creado su propio lugar en la literatura clásica por fin se habían encontrado en un mismo lugar; su propia época dorada en el cine. Por fin tenían un público. De los monstruos no se cuentan épicas, no hay canciones más que de derrota. El papel principal es del héroe. Universal alteró el paradigma a partir de los años veinte con las películas de horror, suspenso y ciencia ficción. Incluso, en 1931 fue el éxito de Drácula lo que salvó al estudio de los estragos causados por la Gran Depresión.

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Los monstruos clásicos del cine.

Ya sé, a mi qué me afecta. No es la primera vez que utilizan la mitología a modo de parche en películas, generalmente para mal. No va a ser la última. El hecho es que teniendo a dos gigantes, la mitología egipcia y sus personajes principales y a la cuna de la tradición cinematográfica en cuestión de monstruos, la cuestión pesa más.

El asunto se vuelve personal para mi por La Momia. No la 1932, sino la de Stephen Sommers de 1999, con Brendan Fraser, Rachel Weisz, John Hannah y Arnold Vosloo. La mitología de trasfondo se basaba en el Libro de los Muertos egipcio, que contenía las claves para que el alma del difunto pudiera sortear los peligros del Más Allá para colocar su corazón en una balanza ante Osiris y ver si pesaban más las malas acciones realizadas que las buenas. Se vuelve personal para mi cuando digo que la fui a ver un domingo con mis padres, mi hermano y mis abuelos. Mi abo me dio la mano toda la película y me ayudó a cubrirme los ojos las dos veces que me asusté. También fue una de las causas de una fiebre loca que duró tres años sobre la mitología en general y la egipcia en particular. Ese mismo octubre, mi hermano y yo vimos un maratón con todos los monstruos clásicos. Así conocí a los personajes del primer universo cinematográfico que existió y esto terminó por sedimentar mi amor por la mitología, por las películas de terror y sus peculiares criaturas.

En ámbitos más generales, la película de fue un éxito. Una atracción en el parque de Universal, dos secuelas; una en el 2001 y la otra en 2008. Tiene un rating de 56% en Rotten Tomatoes y supongo que fue gracias la combinación de elementos de horror y comedia que todos disfrutamos. Hasta Roger Ebert le dio tres de cuatro estrellas en el Chicago Sun-Times. Y no podemos olvidar uno de los memes más prolíficos de tiempos recientes.

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Oh sí, nena.

No es culparles directamente, pero quién podría. El acercamiento de los grandes estudios al tema de la mitología, cualquier mitología, de cualquier país, es limitado. Dudo que ponerle atención a este tipo de detalles tenga un impacto real en sus historias o  ganancias en taquilla. A lo mucho debe servir como leve inspiración para el primer boceto de la película y sin embargo no me queda más que resentir la falta de interés por aquello que ha sido el origen de todas las historias conocidas. La travesía del héroe que realiza Bilbo Bolsón tiene sus resabios en la Odisea; la Edda Poética nos ha dado a algunos de los personajes más destacados en la cultura popular actual, nada más en las películas de Marvel. Podemos extrapolarlo a series también, con American Gods y ni siquiera Disney se salva de haber incluido en su selección a más héroes olímpicos. No digo que adapten fielmente las historias originales; ni siquiera demando que el material original permanezca inalterable. Pienso que si ya estás usando un elemento mitológico, ni siquiera tienes que abrir el artículo de Wikipedia porque está en el primer renglón.

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Si vas a usar la mitología para hacer un parche para tu historia, que sea un buen parche. Hay miles de dioses alrededor de todo el mundo y abarcando la historia entera de la humanidad. A menos que se genere su propio mythos alrededor de una figura original, como hizo Tolkien, no vas a poder ganarle al personaje original y a su propia leyenda. Por algo los personajes se vuelven íconos y leyendas, por este tipo de cosas es que tenemos héroes. Además, puedes ayudar a compartir un poco de las historias más antiguas del mundo y de paso, conocimiento. Explorando un poco más el mundo, puedes encontrar orígenes que el cine todavía no ha utilizado. ¿Quieres hacer de Set un villano?¿Qué mejor historia que la suya propia, fratricida, con todo el poder del desierto que se dobla a su voluntad? ¿Quieres hacer de él un héroe? ¿Qué mejor leyenda que la suya, que noche con noche se enfrenta al caos mismo y es el único capaz de derrotarle?

Los relatos de la mitología son más que los nombres de sus dioses. Dale a tu historia el respeto que sus antecedentes se merecen y le estás brindando toda la carga de los miles de años que el personaje tiene. Y en cuestión de mitología, todos los personajes merecen más.

La Momia, con Sofía Boutella, Tom Cruise, Annabelle Wallis y Russell Crowe ha sido una excelente forma de iniciar el Dark Universe que se planteó hace muchos años con el Van Helsing de Hugh Jackman y de nuevo con Dracula Untold y es muy distinta a las entregas anteriores. Universal está apostando por renovar algunos de los personajes más icónicos en la historia del cine y para ello, debe arriesgarlo todo. No es la primera vez que aparecen en pantalla y muchos van a preferir encarnaciones anteriores. Es normal, han estado aquí por casi cien años y han representado cosas muy distintas para diferentes generaciones. Esta entrega es una película de acción, con acrobacias visualmente impactantes, con buenas actuaciones y con un dios de la muerte que no corresponde al dios de la muerte Egipcio.

Universal se ha enfrascado en la muy difícil tarea de volver a presentar los personajes que lo convirtieron en una de las potencias del cine. Quizá no sean las mentes que los crearon, pero cien años después, con los recursos que han destinado al proyecto, vale la pena tener esperanza. Es un camino ambicioso, vamos. Contar la misma historia un montón de veces no requiere tanta cabeza, sobretodo con figuras que ya son legendarias. Expandir el universo al que esta pertenece y buscar nuevos caminos es algo distinto, pero tienen que partir de un punto en común que ya todos conozcamos. Todas las historias del mundo comienzan casi de la misma forma y justo ahora estamos viendo el principio. Tenemos que esperar para ver que el final sea digno de sus antecesoras históricas.

Resumiendo:

Osiris es el dios egipcio del inframundo.

Anubis es el dios del embalsamamiento.

Set es el dios del desierto y la destrucción.

Tom Cruise es el dios de las películas de acción.

Y me da muchísimo gusto que los monstruos originales del cine hayan vuelto. No puedo esperar a ver que nuevas historias tienen por contar.

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En estos tiempos modernos, es más fácil decir adiós. Basta con un mail, una llamada, un mensaje, aunque también hay quienes se desaparecen  y los que nada más cambian el estatus de relación en Facebook, esperando que eso sea lo único necesario. 

El cambio es brutal y de un día a otro; desde hacía tiempo sosteníamos una conversación aparentemente infinita, desde la mañana hasta la noche y continuábamos la siguiente mañana y la siguiente noche y la siguiente mañana. Y la siguiente noche. Ahora ni siquiera somos amigos en Facebook y nos dejamos de seguir en Twitter y creo que me bloqueaste en Tumblr, porque lo entiendo, ninguno quiere saber.

Carajo, además ponías una combinación perturbadora en tu Tumblr, mitad memes sobre el vacío de la vida, mitad gifs medio pornográficos y era como decir miren, estoy muy triste, pero traigo muchas ganas.

También lo entiendo. Yo también estoy triste.

(También traigo muchas ganas)

A lo mejor no debimos ver tantos apartamentos juntos, porque ahí nos dimos cuenta que yo no quería vivir en los que a ti te gustaban y a ti no te gustaban los departamentos en los que yo quería vivir y al final nos dimos cuenta de que no era una cuestión inmobiliaria. No sé, mejor no hablamos de eso.

El único problema que queda es el perro.

No hubo llamada o mensaje de despedida para él. Ninguna última palmada en la cabeza. Lo vi a los ojos y le intenté explicar y cuando volví a llorar, el perro me lamió la cara hasta que se cansó. Creo que quedó más confundido y no volvimos a tocar el tema, pero cuando llego del trabajo todavía me huele como esperando una pista o algo más y sigue mirando la puerta por la que no vas a llegar y creo que el perro todavía te está esperando.

Eres una idiota Elisa, una reverenda idiota. Y tu novio también. Francamente no sé quién es peor de los dos; él que te deja cada que cualquier tipa hace su flamante aparición o tú, que berreas y te quejas y lloras y tragas y tragas y tragas, hasta que te vuelve a buscar y regresas, porque siempre regresas. Si él es peor que tú, tú definitivamente eres más tonta, porque siempre regresas. 

Ya lo ha hecho varias veces y sé que te acuerdas de cada una. Me pregunto quién te duele más ¿la de cabello color turquesa o la del tatuaje en cursiva?¿Te acuerdas de todas las veces que intentamos descifrar qué carajos decía y ninguna le entendía a esa horrible letra? Estabas frustrada, te sentías indignada; nunca habías odiado tanto las cosas que no se dejan leer. Y tú siempre quieres saberlo todo.

Hubo más. Claro que hubo más. Yo no me acuerdo de ellas, pero apuesto a que tú sí. Yo nada más recuerdo cada vez que te pusiste mal. Eso no lo olvido.

De todas formas, siempre regresas.

Ah, pero antes de volver y pretender por un rato que el mundo es de empalagoso color rosa, vas a llegar a mi casa y vas a rogarme que te saque de fiesta. Porque nunca sales con él, no así. No a bares ni a antros ni a fiestas del amigo de un amigo. No le gustan. A mi tampoco, yo te llevo porque en esos momentos dices que lo necesitas.

Entonces llegas y desordenas mi ropa, buscando la falda más apretada que puedas encontrar y luchas para ponértela, porque estás caderona y nalgona y todo te queda demasiado chico, hasta tu hombre. Te deslizas dentro de mis medias, para cuando termine la noche las habrás hecho trizas. Empiezas a embadurnarte mi maquillaje en toda la cara sin saber cómo hacerlo y sin pedir permiso, mientras te esfuerzas en meter tus generosos muslos en el nylon. Por una vez haces a un lado tu perenne crema para labios sabor durazno, para intentar ponerte maquillaje que no sabes aplicar y te picas los ojos con la mascara, y no sabes utilizar mi iluminador y no entiendes la diferencia entre el Orgasm de Nars y el CORALista de Benefit. No intentas delinearte, no se te pasa por la cabeza, porque sabes que fallarás. Alrededor de los ojos estás repleta de manchones negros, pareces un vil mapache. No sabes aplicarte el bronceador como se debe; tus dientes están llenos de Ruby Woo cuando sonríes. Te ves fantástica.

A lo mejor eres más tonta, pero a quien de verdad detesto es a él. Tú quieres ir a una fiesta y no te atreves a hablar de verdad con nadie. No le haces caso a ninguno de los tipos que se acercan como si te fueran a comer. Él no se atreverá a probar el manjar que tienes entre las piernas como la ocasión merece, después de que te quedas con la carne cruda por el depilado brasileño, después de acompañarte a comprar lencería para adornarte. Le vas a decir a tus papás que esa noche te quedas conmigo, pero las dos sabemos en dónde vas a estar. Nos veremos el lunes en la escuela y vas a estar enamorada. Hasta que lo vuelva a hacer.

Saliendo del bar, del antro, de la fiesta, de donde sea, te tropiezas hasta mi auto. Yo siempre manejo, me aseguro de que llegues a casa con bien. Rara vez llegas a vomitar, pero siempre te rasgas las medias y los hoyos me dejan ver tu piel. Es parte del ritual; no lo perdonas hasta que hayas salido conmigo, no te metes al auto antes de que mis medias, siempre mis medias, queden hechas una porquería.

Luego llegas a tu casa y te estrellas contra la puerta sin poder meter la llave en la cerradura, mientras te despides lanzando besos al aire y agitando el brazo. Siempre dejas cosas detrás de ti, andas por ahí esparciendo tus pedacitos. Dejas tu bolsa, la chamarra. Me dejas a mi. Lo único que nunca dejas demasiado atrás y jamás a tiempo, es a él. Dejas el celular, uno de tus zapatos. La dignidad, a veces. Tu medicina, la cartera. Esta vez pierdas tras de ti tu lipstick de durazno y yo lo llevo hasta a mi nariz y lo huelo con cuidado. A esto deben saber tus labios Elisa, mi Elisa, eres una idiota.

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Yo hice este moco también, pero de plastilina.

El otro día me acosaron en la calle y decidí sacarme un moco.

Ya sé que es una estupidez absoluta, lo admito enteramente, pero mi momento sucio tenía algo de razón detrás. Quería que el acosador se sintiera asqueado, para variar.

No iba a quedarme callada, como pasó hace unos meses cuando unos cinco tipos me siguieron a unos pasos de distancia las tres calles que faltaban para llegar a mi casa, mientras paseaba a mi perra. Las dos teníamos miedo. Mira qué piernas. Mira cómo se mueven. Apuesto a que nos está escuchando ¿Linda, nos estás escuchando?

No podía decirle de groserías o enseñarle el dedo, como pasa con los imbéciles que van manejando y simplemente tienen que tocar el claxon y decir de cosas y ni siquiera te paras o volteas a ver; les enseñas el dedo correspondiente. Lo levantas en alto. Cuando voltee a verte por el retrovisor, te aseguras de que el dedo siga ahí.

Tampoco quería apretar el paso mientras fingía no pasaba nada, como aquella vez en la que me siguieron en aquella camioneta blanca por dos cuadras vacías y al final me eché a correr por una calle en sentido contrario, mientras rogaba por perderlos.

No quería quedarme callada. La gran mayoría de las veces me quedo callada y deseo con todas mis fuerzas no llamas más la atención. Y estoy genuinamente harta de ignorar lo que pasa y fingir que no ha sucedido y que no tengo que molestarme, porque al final de cuentas no es para tanto, no están grave, estoy bien, estoy bien. 

Entonces, mientras el tipo silbaba y me decía ‘mamita’ con toda la tranquilidad del mundo, me metí el dedo índice en mi fosa nasal derecha tan profundo como pude y escarbé para sacar el cochino moco que sentía desde hace rato. Ya me imaginaba la sensación de triunfo al aventárselo a su cara confiada. Con un poco de suerte le rebotaría en la jeta; con otro poco más, se le quedaría pegado. Ya le había cambiado la expresión con nada más verme hurgando en mi nariz furiosamente. Le faltaba darle un vistazo al moco.

Parecía de caricatura; era verde asqueroso. De buen tamaño y consistencia pegajosa, como un pedazo de gelatina seca, de pegamento UHU que no se ha endurecido todavía, pero no era transparente. Tenía notitas sucias. Había estado en mi nariz, era un moco veterano, tenerlo en el dedo después de haber hurgado con tanta insistencia era un acto cochino. En resumidas cuentas, el moco perfecto para aventar.

O casi, porque apenas lo intenté y ante la mirada de repulsión del idiota, el moco se quedó pegado al dedo con el cual intentaba lanzarlo. Lo intenté dos o tres veces y mi porquería, pegajosa y verde, nada más no cedía, cambiaba de dedo y mi acosador se veía más y más extrañado y asqueado. Quién es esta loca que se está sacando los mocos, lo imagino pensar. Qué clase de persona recibe un cumplido de esta forma. Se está picoteando la nariz a media calle, guácala.

Total, el tipo terminó largándose del lugar, mirándome incrédulo. Mientras caminaba volteó a verme un par de veces con la misma cara de aversión con la que todas recibimos el acoso callejero. El asqueroso se convirtió en el asqueado, la avergonzada se volvió una vergüenza y el acosador, bueno, siguió siendo un acosador. Y yo me quedé con mi moco y mi asco, por mi y en general, y mi cara de idiota.

Amo el Stop Motion, amo los parásitos. No en mi, debo aclarar. Pero me gustan esos videos de gente que se saca gusanos de pequeños hoyos que ellos han hecho en la piel, me asusta saber de su existencia. Es como un pequeño cuento de terror, íntimo y privado.

Honestamente ¿a quién no le daría miedo tener una de esas cosas moviéndose bajo la piel?

Por eso hice esta animación con ayuda de mi amor, que lo editó. Ojalá les guste.

Había entrado a la casa por la ventana de la cocina. Ahora no tenía opciones y estaba atrapado.

Podía escuchar el suave sonido de sillas siendo arrastradas por el piso de madera.

‘¿Cuántos ésta noche?’ escuchó decir a su abuelo.

‘Ocho por dos’

‘¿Ocho?¿De verdad necesitan ser tantas personas?¿Y dos? ¿No te parece excesivo?’

Su abuela gruñó en voz baja.

‘Yo no pongo las reglas, amor. Ahora es tiempo de que te vayas’

Sus cortos pasos resonaron en el piso. Probablemente estaba tomando su sombrero, sus llaves y la billetera; David conocía esta rutina muy bien. Había vivido sus primeros años en esa casa y mucho después, a los diecisiete, cuando su madre le había dicho que se largara. Habían sido sus abuelos quienes lo acogieron, a pesar de conocer muy bien todos los problemas que llevaba consigo.

El abuelo se detuvo en la puerta, dudando.

‘Edna, por favor no hagas nada de lo que te puedas arrepentir esta noche’ y David no pudo evitar preguntarse si su dulce abuelita tendría un problema con el juego o como él, uno monetario.

Después la puerta se abrió para volver a cerrarse y su abuelo ya no estaba.

Ahora, pensó, este podría ser el momento de ir por el objetivo. Mientras pudiera escuchar a su abuela moviéndose en la sala, la probabilidad de llegar a las escaleras y buscar el cuarto por dinero aún existía. Había pensado que ellos saldrían y dejarían la casa sola; después de todo, era el cumpleaños de su hijo. No contaba con que el viernes de póker sería más importante. Podría subir, buscar en silencio y saltar por alguna ventana del segundo piso. No se lastimaría. Lo había hecho un par de veces antes.

Pasó cerca de media hora antes de que escuchara los ronquidos débiles de la abuela en la sala y corrió hacia las escaleras. No pudo evitar ver el espejo del pasillo cubierto. Ya empezaba a sentir la ola de alivio cuando tomó la perilla de la habitación principal e intentó abrir la puerta, pero nada. Estaba cerrada con llave. Y lo mismo con la habitación de huéspedes, que había sido su vieja habitación, y con el baño. Ésta era la primera vez que pasaba algo así.

Siempre podía regresar por donde había venido, bajar las escaleras y pretender que simplemente había pasado a ver a sus abuelos. Después de todo, aún era su nieto. Quizá la amenaza que le habían hecho a su madre era sólo eso, un bluff, para que él no volviera y no tuvieran que llamar a la policía. Tal vez ya no tendrían miedo. Sí, las cosas se habían puesto feas, pero no era él mismo aquella vez y seguía siendo su nieto.

David decidió arriesgar sus posibilidades, bajar y salir de la casa por la puerta de enfrente -aquella que no había utilizado en años, mucho antes de que sus abuelos cambiaran las cerraduras- cuando a unos metros de la entrada, alguien tocó el timbre y el ronquido que provenía de la sala paró súbitamente. Tenía los segundos exactos para esconderse en el pequeño clóset cerca de la sala antes de que la abuela llegara a la puerta y le diera la bienvenida a sus invitados.

‘¡Buenas noches!’

‘¡Buenas noches a ti querida!’

Se saludaban de beso y se llamaban cariño y querida las unas a las otras. Escondido desde el pequeño clóset podía ver la sala entera y las personas que entraban poco a poco. Eran viejas y la mayoría se veía decrépitas, pero sonaban animadas y David casi se alegró que su abuela aún tuviera ese tipo de visitas tan tarde. No las había contado, pero le parecía que eran siete y todas genuinamente contentas de ver a la abuela Edna. Habían traído consigo una charola de hornear, queso y vino. Sintió una punzada de hambre. No había comido desde ayer, o quizá dos días antes. No podía recordarlo bien.

Cuando ya se habían acomodado en los sillones, una de las mujeres sacó un mazo de cartas. Así que la pequeña y frágil abuelita Edna tenía un problema de juego. No podía evitar reír. Tal vez esa era la razón que David tenía el tipo de problemas. Ya sabes, cuestiones hereditarias.

Jugaron un par de manos mientras parloteaban, con música suave de jazz en el fondo. Algunas de ellas no decían nada y se limitaban a comer. Su abuela tenía esas reuniones semanales desde que podía recordar, pero él jamás había conocido a sus amigas. Cuando sucedían, su abuelo lo llevaba a ver películas o a comer pizza o algo, mientras ella y su grupo jugaban hasta ya pasada la medianoche y cuando ellos regresaban, la casa parecía desierta, como si no hubieran recibido visitas.

‘Y bien. Cómo se encuentran sus familias’ preguntó mientras barajaba las cartas. El parloteo no paró, a pesar de que el tema de conversación se tornaba más lúgubre conforme iban hablando.

‘Cáncer. El cáncer de mi hermano ha vuelto, esta vez en forma de metástasis. Es la tercera vez en poco más de dos años.’

‘Mi esposo. El alzheimer le ha hecho olvidarse de mi. No se reconoce a si mismo cuando se mira al espejo’

‘Mi hija ha vuelto a quedar embarazada, después del suceso del año pasado. Y del año pasado.’

‘La hermana de mi esposo ha muerto’ dijo una mujer de suéter color crema y se escuchó un murmullo de lástima. Un verdadero desperdicio, una de ellas comentó, mientras la que había dado la noticia asentía con la cabeza.

‘¿Y ustedes, queridas?’

Esta vez la respuesta fue mucho mayor. Las voces se mezclaban mientras una mencionaba la incontinencia y otra mostraba sus temblorosas manos y el daño que le había hecho el Parkinson. David tuvo que apartar la mirada cuando una viejecita frágil con chalina rosa se levantaba la camisa para enseñar su bolsa de colostomía.

‘En resumen, estamos casi en el mismo lugar que el año paso ¿no les parece?’ sentenció mientras su público asentía. La mujer de azul marino era la líder, pudo verlo enseguida. Había dos de azul, pero la más joven no dejaba de sonarse la nariz y limpiarse los ojos llorosos. Ella, la más vieja, tenía una seguridad que las demás no tenían.

‘Entonces, es un trato. Dos serán suficientes. Queridas, escojan’

La mujer de azul terminó de revolver las cartas y caminó en círculo por la sala. Cada una de ellas tomó una carta mientras ella terminaba su recorrido y volvía a su lugar original. Una a una fueron hablando.

‘As de diamantes’

‘Nueve de tréboles’ dijo la mujer del hermano con cáncer.

‘Tres de espadas’

‘Cuatro de espadas’

‘Dos de diamantes’

‘Joker’

‘Seis de corazones’ dijo Edna.

‘Siete de corazones’ dijo la mujer de los ojos llorosos.

Todas bajaron sus cartas. Algunas suspiraron de alivio, pero David aún no entendía por qué. La mujer de azul marino alternaba entre mirar a su abuela y a la de azul claro, hasta que finalmente se aclaró la garganta.

‘Edna, querida. Parece que ha habido un error en el sorteo. El hermano de Marisa bastará, pero Sonia’ dijo la mujer de azul marino, señalando a la mujer de ojos llorosos, que se veía furiosa ‘lleva dos años seleccionada en el sorteo. Y si no me equivoco, has tenido suerte los últimos cinco años. ¿Qué hemos recibido de ti, Edna?’

‘¡No nos has dado nada Edna!¡Nada!’ gritó la mujer de ojos llorosos, que al parecer se llamaba Sonia.

La abuela murmuró con las manos temblorosas. Nunca la había visto tan asustada.

‘Mi tercero. Les di mi tercero’

‘Eso fue hace una generación. Entiéndenos, cariño’ dijo la de azul marino mientras le daba una palmada amistosa en la rodilla. La abuela suspiró, cansada.

‘Entonces, a quién piden. Qué quieren.’

‘Tú ya lo sabes Edna’

La mujer de los ojos llorosos se levantó, arrojando su copa de vino al piso. Alguien más, no sabía quién, soltó una risita burlona.

‘¡Dos bebés!¡El primer bebé de mi familia! Yo sabía lo que se necesitaba para unirme a ustedes. Te atreves a comparar eso a un adicto que arruinó su propia vida!’

‘Tu nieto drogadicto, Edna. ¿Cuándo fue la última vez que lo viste?’

Las demás mujeres balbuceaban en voz baja mientras que un escalofrío terrible bajaba por la espalda de David y todos los vellos de su cuerpo se erizaban.

‘Un desperdicio de aire’

‘Su propio padre no lo quería y su madre, su madre intentó deshacerse de él’

‘Pero no pudo ¿y recuerdas por qué?’

‘Porque nosotras no lo permitimos’

‘Tu hija tendrá otros bebés. Haremos que los tenga’

La mujer de azul marino alzó la mano, tranquilamente y todas callaron.

‘Además, Edna, querida. Este lugar hiede a él. Debió dejar ese asqueroso olor la noche en que entró aquí, nada más pensando en dinero, incluso considerando matarlos mientras dormían. Lo habría hecho si no hubieran despertado, lo sabes, lo viste en su repugnante corazón’ continuó, mientras que Edna asentía y a David se le caía el alma a los pies ‘así que haremos una apuesta ¿está bien? Pares, el futuro y no nacido nieto de Sonia. Impares, el tuyo. Fue la misma carta. Es más que justo.’

Las mujeres chillaron con una risa emocionada mientras que Sonia y Edna se turnaron un cuchillo para hacer un corte profundo en la mano izquierda de la otra. Después, cada una tomó un dado que les ofrecía la mujer y lo untaron con la mezcla de su sangre. La líder tomó ambos y los arrojó a la mesa, sobre las cartas.

El tiempo casi se paralizó mientras los dados caían. David observaba cuidadosamente cuando sus ojos se encontraron con los suyos. A través de la rendija de la puerta, ella lo vio y sonrió mientras se lamía los dedos ensangrentados. Sintió una náusea inmensa el momento en el que los dados tocaron la superficie de la mesa y todas las mujeres guardaron silencio.

‘Decidido entonces. Dos personas para el beneficio de ocho familias. ¿Y ahora, Edna?’

‘Está bien. Lo entrego’ suspiró resignada Edna a la vez que empezaba a reír, a reír contra su propia voluntad y las demás la acompañaban carcajeando, mientras que poco a poco se abrían todas las puertas de la casa, justo en el momento en el que David caía, escupiendo sangre y vómito, su cuerpo entero temblando.